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El problema de Lucrecio o cómo el pasado nos enceguece

El problema de Lucrecio es un sesgo cognitivo descrito por Nassim Taleb en su libro Antifrágil. Se trata de nuestra incapacidad de aceptar la incertidumbre que nos rodea todo el tiempo. Comprenderlo nos conduce a reconocer que, al tomar decisiones, los criterios basados en la redundancia superan a veces a aquellos basados en la eficiencia.  Desarrollar capas de redundancia, en contraste a una optimización extrema de los recursos, muchas veces es una estrategia racional.

Los límites de lo posible

El problema de Lucrecio describe una tendencia mental defectuosa que nos lleva a creer que lo que ocurra en el futuro se moverá dentro de los límites de lo que ocurrió en el pasado. Entonces, lo peor (y lo mejor) que ha ocurrido en el pasado demarca las posibilidades que visualizamos para el porvenir.

Creemos que el objeto más grande de cualquier clase que hemos visto o del que hemos oído hablar es lo más grande que puede existir.

Nassim Taleb en Antifrágil

Suponemos también que el peor de los casos que ha sucedido es el peor de los casos que puede suceder, ya que visualizamos el pasado como un mapa que delimita completamente el territorio de las posibilidades futuras.

Este problema se denomina “de Lucrecio” en reconocimiento a Titus Lucretius Carus, poeta y filósofo romano conocido por su obra Sobre la Naturaleza de las Cosas. Allí, Lucrecio escribe:

Así como parece grande un río

A quien no vio jamás otro más grande:

Y así un árbol, un hombre y todo cuerpo

De la especie que quieras son disformes

Para aquél que no ha visto otros mayores

Lucrecio en Sobre la Naturaleza de las Cosas

En otras palabras, nos indica Taleb, el tonto cree que la montaña más alta del mundo es la más alta que ha visto él. Únicamente el ingenuo cree que todo lo que puede ver es todo lo que hay que ver. Pero al parecer nuestra naturaleza nos inclina hacia esa ingenuidad intelectual.

Una trampa milenaria

Registros de evaluaciones sesgadas por el problema de Lucrecio existen desde épocas milenarias y siguen ocurriendo hoy. Esa incapacidad de registrar intelectualmente la incertidumbre está impresa en lo más profundo de nuestra biología.

… hace miles de años que caemos en esta trampa. En el Egipto de los faraones, que fue el primer Estado-nación completo administrado por burócratas, los escribas tomaban nota del nivel máximo que alcanzaban las aguas del Nilo y usaban esta información para calcular el peor escenario futuro.

Nassim Taleb en Antifrágil

Y cada vez que el Nilo sobrepasaba los registros históricos, a los escribas les parecía como si hubiese ocurrido un imposible. Hace bastante menos tiempo, en 2011, encontramos otro ejemplo en lo ocurrido con el reactor nuclear de Fukushima.  Éste había sido construido para resistir el peor terremoto histórico y los constructores no imaginaron que pudiera ocurrir otro peor. El fallo catastrófico, a consecuencia de un tsunami, los halló completamente desprevenidos.

Por qué es tan grave el problema de Lucrecio

Los registros históricos que se hacen cargo de las ocurrencias de hace solamente un par de milenios, son un mapa muy incompleto de la realidad. A los humanos se nos olvida que ese peor evento que visualizamos en el pasado fue, al ocurrir, peor que el peor evento que había sido registrado hasta ese instante. Se nos olvida que ese peor evento, cuando ocurrió, se escapó de los parámetros usuales de la época. En otras palabras, se nos olvida la incertidumbre.

La ocurrencia de eventos sorprendentes es común, mucho más común de lo que nuestra mente, hambrienta de control, está dispuesta a aceptar. Esos eventos sorprendentes siempre están ocurriendo, y nosotros tenemos muchas dificultades para visualizarlos o incluso para aceptar que el futuro está lleno de sorpresas. Planificamos entonces nuestras acciones como si caminásemos en terreno conocido, sin tomar los resguardos necesarios para cuando los imprevistos nos asaltan.

Al estar conscientes de la existencia del problema de Lucrecio, esto es, al reconocer esa incertidumbre radical, podemos considerarla en nuestros cálculos profesionales o cotidianos.

Donde hay incertidumbre, necesitamos redundancia

Taleb argumenta que una manera de enfrentar esta incertidumbre es por la vía de desarrollar capas de redundancia, es decir, un margen de seguridad, para actuar como un amortiguador contra los eventos que el intelecto es incapaz de prever.

Un ejemplo de una característica redundante podría ser ahorrar en un fondo de emergencia que nos asegura contra algo catastrófico – como la pérdida de un trabajo u ocurrencia de cualquier siniestro – permitiendo en ese contexto sobrevivir hasta que pase la tormenta.

Nuestro cuerpo funciona así: por eso acumulamos grasa corporal, y tenemos dos riñones en vez de uno. Al parecer nuestro cuerpo, al evolucionar, ha descubierto las probabilidades y evaluado los riesgos de una manera mucho más sofisticada que nuestro intelecto.

Las capas redundantes son un amortiguador contra nuestra tendencia a pensar que lo que se ha registrado en el pasado como terreno “conocido” es un mapa completo de todo el terreno. De alguna manera, cuando reconocemos la enorme incertidumbre que nos acompaña día a día, estas redundancias, que para algunos parecieran ineficiencias, no han sido sino determinantes de la subsistencia de la especie.

Te dejamos con un video en el que se explica de manera muy amigable la importancia de la redundancia en contextos en que hay incertidumbre. Si lo necesitas, puedes activar la traducción automática de los subtítulos al español en Configuración/Subtítulos/Traducir Automáticamente.

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